


Enciclopedia Online de la Pareja y la Familia
Equipo de SEDUQUERE - 10/12/2010
NO QUIERO PERDER A MI PAREJA
Muchas parejas ven amenazada la continuidad de su relación por repetidas disputas, conflictos o algún incidente crítico (infidelidad, por ejemplo). En estas condiciones, no siempre ambos miembros de la pareja están de acuerdo en terminar su relación. Sin embargo, ¿qué puede hacer la parte que no desea perder la relación de pareja?
De forma general, las opciones disponibles variarán según el tipo de problema que afecta a la relación, ciertos factores personales y sociales que predicen una futura de ruptura (como el apoyo a la relación por parte de la familia y amigos) y la fase en el proceso de ruptura en la que se encuentra la pareja.
ENTENDIENDO LAS RUPTURAS DE PAREJA
La satisfacción en las relaciones de pareja es un aspecto crucial en la felicidad y la calidad de vida de las personas hasta tal punto que se han establecido relaciones entre las rupturas de pareja o las interacciones sociales deficientes y los problemas/trastornos físicos y psicológicos. Asimismo, más del 80 por ciento de los adultos que viven en sociedades occidentales ha experimentado alguna vez la ruptura de una relación romántica (Battaglia, Richard, Datteri, and Lord, 1998).
Es por ello que conocer el origen, características y desarrollo de los procesos de ruptura en las relaciones íntimas puede ser una herramienta crucial para la puesta en marcha de acciones preventivas y correctivas en este ámbito que mejoren nuestra salud y bienestar personal, especialmente cuando un miembro de la pareja no acepta la posible ruptura de la misma.
Fases del proceso de ruptura
El proceso de ruptura de relaciones íntimas se ha dividido tradicionalmente en 4 fases (Duck, 1982). Durante la primera fase, la persona afronta en privado la falta de satisfacción que le produce la relación de pareja. En una segunda fase, la persona negocia el fin de la relación con la pareja. La tercera fase está caracterizada por la presentación y el anuncio público de la disolución de la pareja. La última fase está centrada en la asimilación y recuperación de la ruptura.
Si no queremos perder a la pareja, además de los problemas relacionales existentes, es crucial conocer cuáles son las características personales y sociales implicadas en el proceso de ruptura que hacen que dos personas decidan finalmente romper su relación sentimental. Empecemos por explorar cuáles son estas características que precipitan las rupturas desde la primera fase, cuando la persona reflexiona en privado sobre el estado insatisfactorio de su relación.
Determinantes de las rupturas desde cada miembro
A pesar de que dos de los factores que han recibido mayor interés a la hora de predecir la estabilidad de una relación se han centrado en factores personales tales como la calidad y los intercambios sociales percibidos por cada miembro de la pareja, otros aspectos como la duración previa de la relación, la comparación de alternativas (otros posibles compañeros/as) y la percepción de apoyo desde la familia y los amigos hacia la relación se han mostrado especialmente relevantes para predecir la aparición o no de una ruptura futura (Felmlee, Sprecher y Bassin, 1990).
Específicamente, las probabilidades de ruptura en este tipo de relaciones son menores cuando: 1) más horas la pareja comparte de forma satisfactoria (tanto de forma física como sexual), 2) peor es la percepción de las alternativas y 3) mayor es la percepción de apoyo social de la familia y los amigos. Aunque el tiempo que se pasa con la pareja es un elemento importante para predecir la tasa de rupturas, ya que el gasto de una gran cantidad de tiempo con la pareja se percibe como una inversión que no se pueden recuperar si la relación termina, el elemento esencial suele ser la comparación de alternativas. Esto pone de relieve el papel que juega la percepción del contexto social en la desintegración de la relación.
Finalmente, la percepción de ausencia de apoyo de familiares y amigos de la pareja es un predictor significativo de la tasa de separación. Estos resultados son contrarios al efecto "Romeo y Julieta" originalmente propuesto por Driscoll, Davis y Lipetz (1972), que subrayan la noción de que la interferencia parental intensifica amor. En su lugar los datos sugieren que el efecto principal de las redes sociales en las relaciones es proporcional: a mayor apoyo social y aceptación de la relación de pareja mejor pronóstico.
Determinantes de las rupturas desde la pareja
Tras la aparición de problemas en la relación, ya sea de manera gradual o de repente, llega un momento donde una parte de la pareja se convence de que no quiere seguir en la relación. Es a partir de aquí donde la ruptura de pareja pasa de un nivel individual a un nivel de pareja.
Desde la perspectiva de la pareja, el proceso de ruptura de cualquier relación sentimental está determinado por:
En la Figura 1 se detalla cómo influye en el desarrollo de la ruptura cada uno de estos elementos, determinando los distintos recorridos que llevan a cabo las parejas cuando están inmersas en procesos de disolución. Dependiendo del punto en el que se encuentre la pareja, más cerca o más lejos del final, las medidas para reparar la pareja cambiarán, así como la probabilidad de éxito.
La decisión personal de abandonar la relación como punto de partida
La decisión privada de terminar una relación está caracterizada por dos tipos de situaciones. La primera donde se observa un incremento en la intensidad y número de problemas que afectan a la pareja y que favorecen la decisión de acabar con la relación íntima. La segunda supone la aparición en la pareja de un incidente crítico que lleva de manera brusca a la conclusión de que la relación debe terminar (orientativamente, se estima que sólo en el 25% de las parejas aparece este acontecimiento crítico).
Independientemente del tipo de situación y problemas que la pareja sufre, al menos por parte de un miembro de la pareja surgen los deseos de disolver la relación. Cuando se trata de un incremento y no de un incidente crítico, la decisión de ruptura es unilateral en el 68% de los casos.
Comienzo de las acciones unilaterales de ruptura
Cuando una persona decide de manera unilateral romper una relación, el primer reto al que se enfrenta es a la tarea de comunicar o persuadir a la otra parte para que acepte la disolución. En este sentido, se han observado distintas estrategias en función del grado de franqueza y claridad con el que se manifiestan las intenciones de disolución.
Las estrategias indirectas son las más extendidas (76% de los casos), dando lugar a de tres tipos. Las de evitación (66%) implican la aparición de comportamiento que reducen la intimidad, la cantidad o la frecuencia de contactos con la pareja. La pseudo-desescalada (22%) es una falsa declaración por parte del miembro que desea la ruptura de transformar la relación hacia una relación menos formal o más distante (aunque en verdad sabe que la relación está totalmente acabada). Finalmente, la escalada con costes (12%) conlleva la aparición de un incremento en los costes que supone mantener la relación, ya sea imponiendo más exigencias, haciendo peticiones más rígidas, asumiendo reglas de convivencia más injustas...
A diferencia de las estrategias indirectas, en las estrategias directas aparecen dos tipos de acciones: las declaraciones explícitas (73%) o las declaraciones en el curso de discusiones (27%). La primera está caracterizada por declaraciones claras y directas hacia la otra parte de la pareja sobre la ruptura irremediable de la pareja, sin oportunidad de discusión. La segunda está asociada con la expresión del deseo de terminar la relación pero aparece en el contexto de algún conflicto de pareja, durante una pelea o una disputa.
Reacción de la otra parte de la pareja ante los deseos de ruptura
Tras la comunicación de estos deseos de ruptura, no todas las parejas aceptan la ruptura como un hecho inevitable. En el caso de decisiones unilaterales de disolución, la aceptación de la idea de disolución depende del tipo de estrategia (directa o indirecta) usada por el miembro que desea la ruptura.
Para las acciones indirectas, la aceptación inicial de la ruptura se situó en un 22%, mientras que este valor llego al 66% cuando las acciones fueron directas. Esto se explica por el hecho de que la otra parte percibe que la resistencia ante declaraciones directas de ruptura tiene poco sentido, mientras que en las acciones indirectas todavía se puede albergar la esperanza de que los problemas se resuelvan y la relación se recupere.
Dos tipos de conductas manifiestan la resistencia a aceptar la ruptura como un hecho consumado. Por un lado, la parte que se resiste realiza nuevas promesas sobre cosas que sabe que pueden agradar a la otra parte. Por otro, la emisión de amenazas en caso de que se prosiga con la idea de disolver la pareja.
Posibilidades de recuperación
Después de la resistencia, el promotor de la ruptura puede abandonar su deseo de terminar la relación. Por el contrario, en los casos donde no se abandona la idea de ruptura, el ciclo continua y aparecen nuevos avisos de separación, predominando las estrategias indirectas tras el primer intento (en el 75% de las parejas predominan las acciones indirectas en los segundos intentos de forzar la ruptura).
Ahora bien, los cambios de opinión y el abandono "real" del deseo de separación se producen tras la aceptación inicial de la otra parte de la pareja de la posible ruptura. En estos casos, la comprensión mutua de que la pareja necesita cambios es esencial (sólo ocurre en el 33% de los casos). Estos cambios posibilitan la negociación o recuperación de condiciones satisfactorias para ambos miembros.
Sólo una cuarta parte de quienes inician la negociación o la recuperación de condiciones que permitan a la pareja superar las dificultades continúa con su relación sentimental en el futuro. El resto de parejas que llegan a realizar negociaciones o transformaciones en su relación queda insatisfecho y continúa las actividades para culminar con la ruptura de pareja.
Cuando ambos desean la ruptura
Cuando la ruptura es deseada por ambos miembros, cuatro tipos de acciones se han observado. La primera es el desvanecimiento, que consiste en acciones indirectas que permiten que la relación se vaya apagando, pues ambos son conscientes de que la relación está muerta. La segunda es la pseudo-desescalada, donde ambos mantienen aparentemente el deseo de continuar la relación a través de la pérdida de intimidad o mayor libertad (aunque en realidad los dos desean finalizar la relación). También consiste en acciones indirectas, pues las verbalizaciones de seguir y mantener la relación no corresponden con los auténticos deseos de ruptura.
En tercer lugar, están las acciones directas de ruptura con reproches sobre qué ha fallado y quién tiene la culpa, aunque existe un acuerdo sobre la necesidad de disolver la relación. Por último y en cuarto lugar, está el acuerdo sin hostilidad de romper la relación.
A pesar del deseo mutuo de romper la relación, el 40% de estas parejas intentan recuperar su relación, aunque en más del 90% de las parejas estos intentos resultaron infructuosos y terminaron en ruptura.
CONCLUSIONES
Muchas parejas tras conocer los deseos de disolución de su pareja se aferran a la frase: "No quiero perder a mi pareja" y se resisten a la posibilidad de una ruptura. Sin embargo, para llegar a este momento, al menos un miembro de la pareja ya ha reflexionado sobre la idea de ruptura y es muy problable que haya mostrado de forma directa o indirecta sus intenciones.
Aunque en el presente artículo no hemos abordado directamente los motivos previos que conducen al deseo de terminar una relación, explorar los problemas o el incidente crítico que precedieron a la decisión de finalizar una relación sentimental será un paso fundamental en la solución, sobre todo para dirigir una negociación satisfactoria por ambas partes y recuperar la relación. Para ello, según hemos apuntado más arriba, se requiere un cambio sincero de actitudes por ambas partes y el compromiso expreso de cambio. De otra forma, la ruptura será una consecuencia inevitable.
A veces este cambio de actitudes es especialmente difícil, así como el desarrollo de la negociación, siendo imprescindible la intervención de profesionales especializados (que asesoren y orienten). De hecho, muchas parejas que intuyen el final de su relación ya han pasado por momentos de reproches, de distanciamiento o evitación, de pseudo-desescalada o por amenazas y promesas. Todos ellos son elementos clave para identificar la situación actual de la pareja y localizarla en el proceso de ruptura, lo que permitirá tener una visión de la trayectoria que ha seguido, las opciones de actuación y los pronósticos de futuro.
ENLACES DE INTERÉS
Asesoramiento psicológico online para superar una ruptura
BIBLIOGRAFÍA
Battaglia, D.M., Richard, F.D., Datteri, D.L., y Lord, C.G. (1998). Breaking up is (relatively) easy to do: A script for the dissolution
of close relationships. Journal of Social and Personal Relationships, 15, 829-845.
Baxter, L.A. (1984). Trajectories of relationship disengagement. Journal of Social and Personal Relationships, 1, 29-49.
Driscoll, R., K. Davis, and M. Lipetz. (1972). Parental Interference and Romantic Love: The Romeo and Juliet Effect. Journal of
Personality and Social Psychology, 24,1-10.
Duck, S. W. (1982). A topography of relationship disengagemente and dissolution. In S.W. Duck (ed.). Personal Relationship 4:
Dissolving Personal Relationship. Academic Press: New York.
Felmlee, D., Sprecher, S. y Bassin, E. (1990). The Dissolution of Intimate Relationships: A Hazard Model. Social Psychology
Quarterly 5, 13-30.