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CÓMO AFECTA LA LLEGADA DEL PRIMER HIJO A LA PAREJA

EL NACIMIENTO DEL PRIMER HIJO EN LA PAREJA

 

La llegada del primer hijo suele ser casi siempre un motivo de alegría, satisfacción y gratificación para los padres y madres.

 

Sin embargo, ciertos especialistas en relaciones de pareja han informado que el nacimiento del primer hijo representa para algunas parejas un evento de gran estrés y tensión, llegando incluso a precipitar la aparición de problemas y trastornos comportamentales.

 

Pero... ¿Qué ocurre en la pareja tras la llegada del primer hijo?

 

 

LA TRANSICIÓN A LA PATERNIDAD Y LA MATERNIDAD

 

La llegada del primer hijo tiene un fuerte impacto en la pareja.Para la mayoría de matrimonios adultos, uno de los eventos más esperados es la llegada de un hijo. A pesar de desear la paternidad y la maternidad, son pocas las parejas que se preparan para los cambios que conlleva esta transición, incluso cuando la pareja sabe que espera un hijo.

 

A diferencia de otras situaciones propias de la vida parental (como la crianza de los hijos, el desafío de la adolescencia o la marcha de casa de éstos), los roles y las tareas asociadas al hecho de ser padres y madres generalmente se adquieren de forma abrupta (tan pronto como llega el bebé y los padres salen del hospital). 

 

Es, por ello, que la transición a la paternidad y maternidad, además de ser una etapa de consolidación del desarrollo personal y de pareja, puede convertirse en un acontecimiento clave en la redefinición de roles e identidades para ambos progenitores.

 

Asimismo, los múltiples cambios que demanda esta fase ponen en juego los sentimientos de realización personal, conyugal y profesional, especialmente por el aumento de tareas relacionadas con el cuidado y la crianza del bebé, aumento de costos económicos, impacto sobre el desarrollo profesional, etc.

 

 

IMPACTO SEGÚN EL TIPO DE PAREJA

 

Mientras que en las familias con reparto de roles más tradicional  existe una clara especialización (donde la mujer se dedica al hogar y a los hijos y el marido se centra en el desempeño de actividades remuneradas), en familias donde ambos miembros trabajan fuera del hogar se produce un difícil ajuste de roles (roles como cónyuge, trabajador/a, padre/madre).

 

En este último tipo de parejas, tras la llegada del primer hijo pueden observarse distintos tipos de adaptaciones:

  1. Un regreso al desempeño de tareas tradicionales masculinas y femeninas (hombre como proveedor y mujer como cuidadora).
  2. Una postura intermedia, donde la mujer no pierde su trabajo, sino que ajusta y recorta su horario laboral para pasar más tiempo en casa.
  3. El mantenimiento de los patrones previos de implicación laboral, con la aparición en muchos casos de un "doble turno" de trabajo para la mujer: uno fuera de casa y otro dentro de casa. 

 

CÓMO SE VIVE LA PATERNIDAD Y LA MATERNIDAD

 

Los hombres y las mujeres no viven la llegada del primer hijo del mismo modo. Estudios previos (Miller y Sollie, 1980) han puesto de manifiesto que las mujeres muestran un menor estrés que sus maridos durante el embarazo, pero no así tras el parto. No obstante, la satisfacción y el bienestar personal durante el embarazo y los primeros meses suelen ser muy elevados en ambos progenitores, con lo que se ha denominado a este periodo "la luna de miel del bebé". 

 

Tras los primeros meses surgen nuevas diferencias a la hora de percibir los cambios entre los padres y madres primerizos. Por parte de ellas la pérdida de atención de los maridos y su falta de colaboración en el reparto igualitario de tareas aparecen como las reclamaciones más extendidas.

 

Parece ser, aunque no está confirmado, que los cambios y los ajustes en la relación de pareja y en el matrimonio derivados de la llegada del primer hijo son vividos de forma más intensa (y negativa) por las madres.

 

 

PREPARÁNDOSE PARA LOS CAMBIOS

 

Frente a este tipo de situaciones, una serie de estrategias pueden usarse para mejorar la adaptación y preparar a los futuros padres y madres. Entre las más relevantes destacan las siguientes actividades:

  1. Informarse a través de la lectura.
  2. Asistir a clases preparatorias.
  3. Recibir asesoramiento específico.
  4. Empezar con el cuidado de otros niños aumentando los sentimientos de preparación como futuros padres y la confianza en sí mismos.

 

En muchos casos, estas actividades de simulación no permiten una  preparación completa frente a la inmediata aparición de un bebé. A veces las exigencias de la nueva paternidad y maternidad  son tan elevadas que afectan de forma importante a la vida personal y conyugal.

 

Asimismo, las clases prenatales o de preparación al parto parecen no ser suficientes para ayudar a futuros padres después de que nazca el niño. Los nuevos padres tienen una mayor necesidad de información y apoyo durante los meses posteriores al nacimiento del bebé.

 

 

DOS TIPOS DE RECURSOS BÁSICOS EN LA PAREJA

 

Se ha señalado que una adaptación exitosa requiere la adquisición de al menos dos tipos principales de recursos familiares:

  1. Recursos intrafamiliares.
  2. Recursos extrafamiliares. 

El primero de ellos supone incrementar los recursos de la propia pareja, tales como la capacidad de adaptación a los cambios, la flexibilidad, la responsabilidad compartida y el sentimiento de unidad. El segundo incluye estrategias desde fuera de la pareja para fortalecer el funcionamiento de la familia, a partir de la comunidad y apoyos sociales (por ejemplo, el apoyo de la familia extensa, vecinos y amigos suele ser útil).

 

 

EL PROBLEMA DE LA REALIZACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA MUJER

 

Encontrar el equilibrio adecuado entre el ámbito personal y laboral supone un dilema en muchas mujeres, sobre todo para aquéllas que están fuertemente orientadas a su carrera profesional.

 

Así, cuando se interrumpe su carrera, una madre puede experimentar cierto vacío tanto intelectual y social en su vida. Además, ellas pueden con mayor énfasis sentirse atadas y condicionadas por las circunstancias y verse perjudicadas en sus roles dentro del matrimonio y en el ámbito profesional.

 

 

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

 

Es preciso recordar que los cambios personales de los padres y el estrés marital son menos evidentes en parejas con bebés que no llegan al mes de edad, algo que sí ocurre cuando los bebés alcanzan los ocho meses de edad.

 

El estrés personal percibido (sentimientos de sentirse atado y que la vida es difícil en lugar de fácil) aumenta significativamente en ambos progenitores durante la transición a la paternidad/maternidad, pero es entre las madres donde se produce de forma más acusada. Ahora bien, es preciso remarcar que son pocas las parejas que viven esta transición como una experiencia muy difícil.

 

Considerada como una etapa normal del desarrollo en el ciclo de vida individual y familiar, el nacimiento del primer hijo puede ser tanto una fuente de estrés como un evento de plenitud y gratificación para la pareja. Es decir, el bebé puede causar ciertas tensiones derivadas de la falta de sueño, cansancio, menos tiempo para sí mismo y la pareja, así como sentimientos de una abrumadora responsabilidad. Pero al mismo tiempo el bebé puede dar una sensación de plenitud, nuevo significado a la vida y puede fortalecer el enlace entre los miembros de la pareja, contribuyendo de esta manera un sentimiento de cohesión familiar. 

 

Las familias deben confiar no sólo en sus propios recursos, sino también se aconseja desarrollar estrategias de utilización de la comunidad y los apoyos sociales.

 

Un conocimiento más realista sobre las consecuencia asociadas a la llegada del primer hijo, tanto positivas y negativas, y la asimilación de una perspectiva menos romántica respecto a los bebés podría ayudar a los nuevos padres a afrontar más fácilmente las tensiones y problemas que acompañan a este etapa dentro del ciclo vida normal de la pareja.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Adroher Biosca, S. y  Núñez Partido, J.,P. (2003). Familia y trabajo. Madrid: Edit. Comillas.

Hobbs, D., F. (1965). Parenthood as Crisis: A Third Study. Journal of Marriage and Family, 27( 3), 367-372.

Miller, B., C. y Sollie, D., L. (1980). Normal Stresses during the Transition to Parenthood. Family Relations, 29 (4), 459-465.  
Russell, C.,S. (1974). Transition to Parenthood: Problems and Gratifications. Journal of Marriage and Family, 36 (2), 294-302. 

 

Elaborado por el Equipo de Seduquere - 02/07/2010

 

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